20.5.26

Una vida de lujo


Soy una adulta mayor. Cuando mi nieto fue a la guardería le diagnosticaron Altas Capacidades. Su padre, mi hijo, se hizo las pruebas y también resultó ser AACC. Al final yo también me las hice: soy una AACC mayor, madre y abuela de AACC.

Crecí como la mayor de cuatro hermanos, brazo derecho de mi madre en la crianza. Mi madre estaba enfermita, con lo que hoy, desde la distancia, podría describirse como un gran complejo narcisista; por eso me bautizaron Narcisa.

Al principio de la adolescencia empecé a apreciar injusticias, mentiras y manipulaciones. Desde fuera, eso no era especialmente conveniente. Desde dentro, era inevitable. Me convertí en una niña molesta y poco dócil. ¡Menos mal que existían los psiquiatras y los medicamentos antipsicóticos de primera generación! (Antes de eso, probablemente habrían sido las duchas frías, los electroshocks o el manicomio).

Con el tiempo, fui encajando (en apariencia) en el mundo de las niñas obedientes, raras, locas y sin amigas, aunque entonces tampoco parecía una gran pérdida.

Muchos (pero muchos) años después, una vez asimilado el diagnóstico de AACC, el drama vital adquirió explicación. O al menos una forma de ordenarlo. Y ya que había llegado hasta aquí, me dediqué a hacer lo que siempre había hecho pese a las consecuencias sociales: pensar, idear, crear… pero esta vez sin miedo, dudas ni pedir permiso para ello.

Ningún tiempo pasado fue mejor.

Y ahora, con esta distancia, me divierto.

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