28.5.26

Dirección contraria


 

Me divorcié de un hombre “difícil” por decir algo, tanto que hizo santa a mamá. Tenía un hijo pequeño y busque refugio en ella. ¡Qué ilusa!

-¡En mi casa no te quiero!

-¡No pienses que voy a cuidar de tu hijo si no es por trabajo!

Y después de otras lindezas por el estilo, el veredicto, que ya llovía sobre mojado:

-¡No vales nada!

El tiempo pasa y ves que sí, que vales, que has hecho muchas cosas, entre ellas ayudar a otras personas, estudiar, impartir clases, liderar grupos, trabajar y criar. Una casa, un libro, un árbol… un hijo y un nieto.

Saborear que mi hijo centrase su vida, ver como pasa las penurias de ser padre, ver como sigue mis pasos ayudando a su hijo como yo lo ayudaba a él. Qué levanta la cabeza para seguir adelante pese a todo.

Es mi orgullo.

Moraleja: Toda educación sirve para algo, aunque sea para tomar la dirección contraria.




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